Interview & Reviews

Un tizón de esperanza la Orquesta Nuevo Proyecto Sinfónico.

Mario Alegre-Barrios

12 de junio de 2016

Maestro Rafael Enrique Irizarry Reahersing Gershwin's An American In Paris

Maestro Rafael Enrique Irizarry Reahersing Gershwin's An American In Paris

Sigo pensando que este es el país que en verdad tenemos.

Lo hago sentado en la misma butaca en la que hace justamente un año pensé eso. Al igual que entonces, lo hago mientras escucho uno de los ensayos de la Orquesta Nuevo Proyecto Sinfónico (ONPS) y -al igual que entonces- por unos instantes vislumbro un tizón de esperanza entre las cenizas del pesimismo que bate sus alas sobre esta isla tan incierta.

Al igual que ha sucedido desde hace más de una década, estos jóvenes -como lo hicieron sus antecesores y como seguramente lo harán quienes les sigan, como estudiantes del Conservatorio de Música de Puerto Rico- se reúnen para dar aliento a esta orquesta que adquiere vida cuando parecería utópico que sucediera: las clases han finalizado y cualquiera pensaría que lo último que ellos desearían sería dedicar dos semanas de su periodo vacacional a tocar y a ensayar y a aprender un nuevo repertorio… pero lo hacen, sin otra razón que su amor por la música y el deseo de experimentar el rigor y la adrenalina con los que los miembros de una orquesta sinfónica -como la de Puerto Rico, por ejemplo- se preparan durante la semana previa a un concierto.

En esta ocasión -y por primera vez en la historia de esta orquesta- el proyecto se prolongará durante dos semanas, con dos conciertos, uno este lunes 13 de junio y otro dentro de una semana, el lunes 20, ambos a las 7 p.m., ambos bajo la dirección del maestro Rafael Enrique Irizarry, ambos gratuitos, ambos en la Sala Sanromá del Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del CMPR.

El programa del concierto de mañana está integrado por Un americano en París, de George Gershwin; y la sexta de las sinfonías de P. I. Tchaikovsky, escrita en la tonalidad de si menor y conocida como Patética. El repertorio del programa del día 20 constará del tercero de los conciertos para piano de L.V. Beethoven -con Amanda Zook como solista- y la cuarta de las sinfonías de Gustav Mahler, con la soprano Sara García Castillo en los solos.

"Trabajar tanto y hacerlo para un solo concierto, como que no funciona... Este año le propuse al maestro Irizarry que fuesen dos programas y él aceptó… se trata de salir con más energía que nos ayude a pasar el verano a pesar de que no tenemos un compromiso real de tocar."

Darwin Cosme Sánchez, miembro de la ONPS

A esta orquesta -con un elenco aproximado de 75 estudiantes y que nació por iniciativa de los profesores José Alicea y Fernando Medina y el estudiante José Cruz- se autoconvocan los estudiantes o se les invita -lo que suceda primero-, siempre con la coordinación de uno de ellos, responsabilidad que -desde la edición del 2014- está a cargo de Darwin Cosme Sánchez, estudiante de flauta y quien ya está pensando en lo que se programará para el 2017. “En el 2013 participé por primera vez y un año después empecé a hacerme cargo del proyecto”, dice, poco antes del ensayo del pasado viernes. “No es nada fácil organizar esto… el maestro Irizarry siempre ha estado comprometido con nosotros para enseñarnos el nuevo repertorio y dirigirnos, solo con la condición de que sea uno de nosotros quien lo organice. Todos los que participamos siempre estamos pendientes de que no muera la iniciativa y que cada verano se repita. Me encanta organizar esto… el repertorio lo escogemos entre el maestro y yo”.

Darwin comenta que esta es la primera ocasión en que se hacen dos conciertos -hasta el año pasado siempre fue uno solo- porque asegura que “uno no es suficiente.. siempre nos quedamos con deseos de más”. “Trabajar tanto y hacerlo para un solo concierto, como que no funciona”, asevera con una sonrisa. “Este año le propuse al maestro Irizarry que fuesen dos programas y él aceptó… se trata de salir con más energía que nos ayude a pasar el verano a pesar de que no tenemos un compromiso real de tocar. Estamos haciendo música muy importante y difícil, que nunca hemos hecho”.

Respecto a su compromiso con estos jóvenes -muchos de ellos sus estudiantes en el CMPR- el maestro Irizarry rechaza con modestia cualquier crédito y reitera que esta iniciativa “nace de los propios estudiantes del Conservatorio” y que es admirable que suceda “cuando se supone que los muchachos salgan en estampida de los salones una vez terminan las clases”. “Ellos me honran con traerme a esta agrupación”, asevera. “Me presentaron el proyecto, los animé a seguir adelante y desde entonces todos los años los estudiantes se reúnen sin que nadie los obligue, de una manera muy espontánea, orgánica y apasionada, y terminan invitándome a dirigir, lo que plantea un honor y un placer muy especiales. Asimismo, esta orquesta da al traste con la noción de que nuestros estudiantes salen despavoridos por el portón cuando llega el último día de clases. Aquí no se devenga ningún salario, es solo por el placer de hacer música y eso habla de una manera la mar de elocuente de cómo son nuestros jóvenes. Claro que para mí es muy especial trabajar como director asociado de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, pero colaborar con estos jóvenes también tiene una dimensión para mí muy trascendental como experiencia de crecimiento”.


La Orquesta Nuevo Proyecto Sinfónico en concierto hoy con dos solistas.

Mario Alegre-Barrios

20 de junio de 2016

Sara Garcia, soprano (right) and Amanda Zook, piano (left)

Sara Garcia, soprano (right) and Amanda Zook, piano (left)

Con dos jóvenes solistas como invitadas -una soprano puertorriqueña y una pianista estadounidense- esta noche culmina la edición 2016 de la Orquesta Nuevo Proyecto Sinfónico (ONPS), concierto que se llevará a cabo a partir de las 7 p.m. en el Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio de Música de Puerto Rico, con un programa integrado por los movimientos primero y cuarto de la Sinfonía No. 4 en Sol Mayor, de Gustav Mahler -con Sara Beatriz García Castillo como solista; y el primer movimiento del Concierto para piano No. 3, Op. 37, de Ludwig van Beethoven, con Amanda Zook al piano. El maestro Rafael Enrique Irizarry estará a la batuta. La entrada es gratuita para todo el público.

Como hemos explicado antes, esta orquesta -con un elenco aproximado de 75 estudiantes del CMPR- nació hace poco más de una década por iniciativa de los profesores José Alicea y Fernando Medina y el estudiante José Cruz, con la coordinación -desde el 2014- del estudiante de flauta Darwin Cosme Sánchez.

Como hemos explicado antes -y como hay que reiterar las veces que sea necesario- estos jóvenes -como lo hicieron sus antecesores y como seguramente lo harán quienes les sigan, como estudiantes del Conservatorio de Música de Puerto Rico- se reúnen para dar aliento a esta orquesta que adquiere vida cuando parecería utópico que sucediera: las clases han finalizado y cualquiera pensaría que lo último que ellos desearían sería dedicar dos semanas de su periodo vacacional a tocar y a ensayar y a aprender un nuevo repertorio… pero lo hacen, sin otra razón que su amor por la música y el deseo de experimentar el rigor y la adrenalina con los que los miembros de una orquesta sinfónica -como la de Puerto Rico, por ejemplo- se preparan durante la semana previa a un concierto.

Con el apoyo siempre del maestro Irizarry -profesor del CMPR y director asociado de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico- la ONPS ha tenido por primera vez este año una agenda con dos programas, el primero ofrecido el lunes pasado, con la oferta de Un americano en París, de George Gershwin; y la sexta de las sinfonías de Tchaikovsky.

Con Sara Beatriz

No obstante esta curiosidad temprana, Sara Beatriz estudió Mercadeo, trabajó en un supermercado y más tarde como mesera. Fue precisamente mientras se ganaba la vida en este oficio cuando la vida le cambió. Fue en el Cheateu Rouge, en Hato Rey, donde -además de ser mesera- también solía cantar acompañándose ella misma al piano. Una noche el maestro compositor y guitarrista Ernesto Cordero la escuchó. “Ernesto Cordero me conectó entonces con la soprano Margarita Castro y ella me llevó a la Universidad de Puerto Rico, donde comencé a cantar los musicales que hacía Teatro Repertorio”, ilustra. “Hice tres de ellos y ahí conocí a Rafy Suieras, y fue Rafy quien me sugirió que audicionara en el Conservatorio… eso fue en el 2013. Eso me cambió la vida por completo”.

Aun pensando que era casi imposible que la admitieran en el Conservatorio, Sara Beatriz fue aceptada. “Yo estaba haciendo otro tipo de música”, dice con una sonrisa. “Venía de la bohemia y de las bandas de rock. En ese entonces yo no tenía la menor idea de quién era Mahler, por ejemplo. Vine a conocerlo cuando tomé la clase de Historia de la Música. Sé que para el maestro Irizarry este compositor es sagrado. Fue con él que empecé a escuchar la música de este genio, en la clase de Repertorio Orquestal. Vimos la tercera de sus sinfonías”.

En abril pasado Sara Beatriz fue invitada por Darwin Cosme a participar en este concierto, y eso, para ella, “ha sido motivo de un orgullo inmenso, no solo por el placer de cantar en esta sinfonía, con el maestro Irizarry, sino también porque la invitación provino de mis mismos compañeros”. “Para mí ser parte de este proyecto ha sido el 'highlight' de mi vida”, asevera. “No se compara en nada con lo que haya hecho antes, estoy realmente conmovida. Esto ha nacido de estudiantes, entre estudiantes, para la comunidad, y esto es muy significativo. Por otra parte, siempre había querido trabajar con el maestro Irizarry… aunque ya lo había hecho antes, como parte de un coro, y me he dado cuenta de esa otra visión con la que él se acerca a la música y de la manera tan intensa y apasionada como la vive. Que él apoye este proyecto como lo ha hecho siempre es de un estímulo inmenso”.

Con Amanda

Graduada en 2014 de William Paterson University, en New Jersey, Amanda Zook fue invitada por Darwin para este concierto luego de que se conociesen hace unos años en Nueva York. Aunque alguna vez consideró “ser la primera mujer en llegar a la presidencia de Estados Unidos” y más tarde pensó en la biología marina como profesión, finalmente fue su amor por la música lo que prevaleció en la elección de su cauce en la vida.

“Mi abuelo compró un piano para mi hermana y para mí y comencé a rogar en mi hogar por recibir clases formales”, recuerda. “Tardó un año que me complacieran. A los nueve años comencé con esas lecciones y desde entonces no me he separado del instrumento”.

Respecto al Opus 37 de Beethoven, Amanda dice que “este es uno de mis conciertos de Beethoven favoritos”. “Esta será la segunda ocasión que lo tocaré formalmente, la primera vez fue hace tres años, cuando gané una competencia con esta obra”, apunta. “Creo que durante este tiempo he adquirido una nueva perspectiva de esta pieza y me siento muy entusiasmada con la oportunidad de tocarla con la orquesta de este proyecto tan interesante”.

Amanda añade que este concierto tiene un lugar muy especial en la cronología del desarrollo de Beethoven como compositor. “Se ubica en una intersección de estilos, entre el que cultivó en sus inicios, más Clásico, más en la órbita de Haydn y Mozart, y el que vendría después de eso, el Beethoven del periodo Romántico”, ilustra. “Cuando lo toco, trato de mantener un estilo muy Clásico, sin intentar ser muy Romántica, precisamente porque él, como compositor aún no había llegado ahí cuando compuso esta obra y esto lo respeto mucho”.


Memorable concierto de la Orquesta Nuevo Proyecto Sinfónico

Mario Alegre-Barrios

21 de junio de 2016

Amanda Zook performing Beethoven's third piano concerto Op. 37

Amanda Zook performing Beethoven's third piano concerto Op. 37

En una metáfora de lo que debería ser nuestro país, los jóvenes que cada verano dan vida a la Orquesta Nuevo Proyecto Sinfónico (ONPS) ofrecieron este lunes en el Teatro Bertita y Guillermo L. Martínez del Conservatorio de Música un concierto que -abreviado de antemano por razones de tiempo y complejidad- puso de manifiesto las virtudes que dan aliento a esta iniciativa en la que convergen pasión, talento, voluntad y amor por la música.

Bajo la dirección del maestro Rafael Enrique Irizarry -que se ha convertido en el mentor estival titular de este proyecto- la ONPS interpretó un programa integrado por el primer movimiento del tercero de los conciertos para piano de Ludwig van Beethoven, y los movimientos primero y cuarto de la Sinfonía No. 4 en Sol mayor, de Gustav Mahler.

Como solista en el piano participó Amanda Zook, joven estadounidense con buena técnica que navegó el movimiento inicial del opus 37 de Beethoven no sin ciertas dificultades y un breve extravío a medio camino del que supo recomponerse con temple para acometer pulcramente el resto del viaje, en especial la cadenza, a la que arribó ya con el nerviosismo inicial domado y una gracia que encontró eco en el contingente orquestal y la batuta sin excesos del maestro Irizarry.

Fue el propio maestro Irizarry quien prologó la interpretación de los movimientos exteriores de la cuarta sinfonía de Mahler con un llamado al público para que dejara ideas preconcebidas y escuchase esta obra con la misma “mirada de niño” con la que Mahler la concibió.

La versión abreviada de esta obra -cuyos movimientos primero y cuarto comparten bastante material temático, como la recurrencia del tema de aires bucólicos con campanillas- fue bordada por la ONPS con un cuidado artesanal que se manifestó en un sonido diáfano que mantuvo el equilibrio en el tránsito entre los pasajes más etéreos y el clímax eminentemente mahleriano con un tono robusto, noble, sin la mácula de la estridencia.

Sara Garcia after singing the forth movement of Mahler's 4th Symphony.

Sara Garcia after singing the forth movement of Mahler's 4th Symphony.

La soprano Sara Beatriz García Castillo -estudiante de CMPR- fue la encargada de interpretar el texto del cuarto movimiento, la canción “Das himmlische Leben” (¨Vida celestial) del ciclo Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del niño) y lo hizo con una voz hermosa, bien modulada y con una técnica exenta de ornamentaciones, rasgos tan bien definidos que hicieron olvidar por momentos que aún continúa estudiando.

La voz de Sara Beatriz fluyó de manera orgánica en el cauce de las texturas logradas de manera espléndida por esta orquesta que no solo propone hacer música por el solo placer que eso representa, sino que realmente lo logra, con unos atributos que, además de los eminentemente estéticos y audibles, tienen una tangencia incuestionable con la manera como se asumen responsabilidades, con la manera como se viven los talentos, con la manera como se hace que cada día cuente.

En esto pensaba mientras las maderas se apagaban hacia el final de ese sublime cuarto movimiento de la cuarta sinfonía de Mahler. Cuando acabó el concierto y fui tras bastidores, la sonrisa del maestro Irizarry -una sonrisa de satisfacción inefable, poco común en él- me ratificó que yo estaba en lo cierto: fue un concierto memorable. “Es que estos muchachos tienen maestros excelentes”, me dijo, en reconocimiento a sus colegas. 

Sí, digo yo, y también un gran director. Este Mahler abreviado lo demostró. Parafraseo al maestro Irizarry en otra cita reciente y digo: si Mahler hubiese entrado anoche al Teatro del CMPR seguramente hubiera pensado: "¡coño!! qué bien interpretan mi música estos jóvenes.".